El 20 de abril de 1970 Alfonso Sénior, como Presidente
de la Federación Colombiana de Fútbol (F.C.F.) viajaba a Santiago de Chile para proponerle al Congreso de la CONMEBOL,
Confederación Suramericana de Fútbol, que Colombia fuera sede del Campeonato
Mundial de 1986 buscando así consolidar a la Selección Colombia en el país como
lo había hecho con el fútbol profesional por tantos años.
En 1974 la FIFA hizo oficial que Colombia sería la
sede de la Copa del Mundo, y la emoción y el orgullo se tomaron el país. Eso
sí, las obras no, porque esto es Colombia y primero se celebra... el problema
es que las obras se demoraban, la infraestructura no iba a dar abasto para un
evento de la magnitud de un Mundial y la economía colombiana, proteccionista,
agrícola y con unos ciudadanos con poco poder de adquisición, no era nada
atractiva para los socios comerciales de la FIFA.
La Selección le fue entregada a Gabriel Ochoa Uribe,
múltiple campeón con Millonarios, Santa Fe y América con el objetivo de tener
el mejor equipo posible para el Mundial que tendríamos en 1986, pero en 1982
fue elegido presidente de la República Belisario Betancur y desde el comienzo
de su mandato dejó claro que no había con qué cumplir las exigencias de la FIFA
y sus socios, que el Mundial no se podría realizar en Colombia.
Belisario como presidente le dijo a la FIFA que el
país no estaba en condiciones de realizar el Mundial pues no había dinero
suficiente para responder por la infraestructura requerida. Esta acción,
bastante impopular para un presidente latinoamericano, fue seguida de una
intervención personal para que el técnico Gabriel Ochoa Uribe no renunciara a
la Selección y por el apoyo gubernamental al establecimiento de una comisión
que creara un vínculo nacional entre la Selección y el pueblo colombiano. Sin embargo, la mayor apuesta de Belisario era lograr
la paz con los grupos guerrilleros y por eso 1983 fue oficialmente el año de la
paz. La Selección Colombia empezaba a tomar
forma y, por primera vez en la historia, haciéndole caso a una realidad
nacional que buscaba sentir orgullo del país, estaba a punto de estrenar la
bandera en el uniforme.
El 20 de mayo de 1983 la FIFA le entregó oficialmente
la sede del Mundial de 1986 a México. El discurso oficial fue que el presidente
de Colombia había manifestado que no se podían cumplir las exigencias
logísticas y de infraestructura planteadas por la máxima autoridad del fútbol
mundial, pues era preferible realizar inversiones en salud y educación. Lo cierto es que sin sede del Mundial, la obligación
era clasificar y buscar dejar en alto el nombre del país. Se convirtió casi que
en una cuestión de orgullo nacional y el técnico Gabriel Ochoa Uribe tenía un
programa serio que buscaba consolidar una institución que, aunque querida por
todos, no solía dar muchas satisfacciones.
Para rematar, Colombia tampoco clasificó al mundial de
México en 1986. Argentina, que era un equipo que contaba con Diego Armando
Maradona, nos ganó en El Campín. Ese equipo luego sería campeón del mundo
demostrando quién era quién en la geopolítica del fútbol suramericano.
La prensa, y los colombianos en general, culparon de
esta eliminación al técnico Ochoa Uribe por el estilo de juego del equipo y
porque, al parecer, estaba más preocupado en ganar la Copa Libertadores con el
América que en clasificar a la Selección al mundial. Esta reacción hizo que
Ochoa renunciara a su cargo y que la dirección técnica de la Selección Colombia
quedara vacía. El 1 de noviembre se selló la eliminación de Colombia
del Mundial del que debía haber sido anfitriona a manos de Paraguay. La
selección de Ochoa tenía que ganar por 3-0 y sólo le alcanzó para el 2-1.
A la postre el Mundial de hace dos décadas
estableció dos hechos para la historia: por vez primera en 56 años, un país
renunció a ser la sede del certamen: Colombia; y paradójicamente otro, México,
con tantos o mayores problemas económicos que el nuestro en la misma época, aún
golpeado por un violento terremoto, no vaciló en postularse y salir a decir
públicamente al mundo: sí se puede.
En el mes de junio de 2006, Saúl Hernández Bolívar, en
páginas editoriales de un periodico Colombiano y bajo el título EL MUNDIAL QUE PERDIMOS, aseveraba
acertadamente que perdimos la Copa Mundo de 1986 por ‘incompetencia e
ineptitud’. Y termina el aludido artículo: “No fue el gol de Maradona lo que
nos perdimos al renunciar a ‘Colombia 86’, perdimos el tren del futuro, un tren
que partió hace rato y al que sólo puede accederse con un esfuerzo colectivo,
porque ese es un Mundial que ningún ‘Maradona’ se puede ganar solo”.
En fin, los Colombianos aun soñamos con ser anfitriones de un mundial de futbol de mayores, y asi demostrarle no solo al mundo sino a nosotros mismos que son mas las ganas de salir a delante que los miedos al fracaso, nuestra oportunidad de aquella copa mundo del 86 ya paso, ahora que tenemos una excelente selección soñamos de nuevo con tener una Copa Mundo de Mayores en nuestro país.
Redacción: Futbol Rebelde Colombia.











